Cuando la Madre Teresa murió, el instituto de las Misioneras de la Caridad fundado por ella tenía 3.604 hermanas que habían pronunciado los votos religiosos, 411 novicias y 260 aspirantes a religiosas, y se había extendido por 119 países. En la última entrevista que concedió, publicada en la revista brasileña “Sem Fronteras”, le preguntaron: “¿Por qué entran tantas jóvenes en su congregación?”. Ella contestó con rapidez: “Creo que aprecian nuestra vida de oración. Rezamos cuatro horas al día. Además, ven lo que hacemos por los pobres. No es que sean trabajos importantes o impresionantes. Lo que hacemos es muy discreto, pero nosotros lo hacemos por los más pequeños”.
El ser humano anda roto, dividido dentro de sí mismo, a consecuencia del pecado. Entre otras cosas, hemos dividido la oración y la vida, que van cada una por su lado. Los santos han recompuesto esta unidad. Como dice la Liturgia de los santos, “en ellos recobra el hombre la santidad primera que de ti había recibido”. Teresa de Calcuta, como tantos otros santos, da testimonio de esta unidad de vida.
ORACIÓN PARA APRENDER A AMAR
Señor, cuando tenga hambre,
dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed,
dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío,
dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra,
dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada,
déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre,
pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo,
dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación,
dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado,
dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan,
dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí,
dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo,
vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor,
de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos,
no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso,
imagen del tuyo.
Oh, amado Jesús. Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya.
Oracion para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido.
Señor, Jesús, que llamaste al apóstol Santiago de humilde pescador a ser uno de los doce apóstoles y le diste la fuerza de tu gracia para predicar tu Evangelio, aún al precio de su propia vida, te pedimos que sepamos imitar su ejemplo y poder alcanzar así el premio que él alcanzó. A Ti, que vives y reinas ,por los siglos de los siglos. Amén



Comentarios recientes