11ª Estación.- Jesús promete su reino al buen ladrón

“Uno de los malhechores crucificados lo escarnecía diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros.  Pero el otro lo increpó: -¿Ni siquiera tú, sufriendo la misma pena, tienes temor de Dios? Y la nuestra es justa, nos dan nuestro merecido; en cambio, éste no ha hecho nada malo. Y añadió: -Jesús, acuérdate de mí cuando vuelvas como rey. Jesús le respondió: -Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso”     (Lc. 23, 39-49)

Oración:

Señor Jesús, el que sufre contigo te reconoce como Mesías. Tú miras la profundidad del corazón humano y no juzgas por las apariencias. Muestras la misericordia entrañable de Dios Padre: ‘tus pecados están perdonados’, ‘ tu fe te ha salvado’. Señor, que sepa reconocerte en los hermanos crucificados, y, desde mi propia cruz, mire con ojos nuevos a quienes el mundo condena.

9ª Estación.- Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén



 “Lo seguía un gran gentío del pueblo y muchas mujeres que se golpeaban el pecho y gritaban lamentándose por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: -Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad mejor por vosotras y vuestros hijos”   (Lc. 23, 27-28)

Oración:

Señor Jesús, aún tienes fuerzas para atender y consolar a los que lloran. Pero, no quieres falsas compasiones, ni lágrimas fingidas. Me invitar a llorar por dentro mi propio egoísmo, mi propia culpa; a llorar por el olvido de los que, a mi lado, caminan con la cruz, sufriendo las injusticias. Señor, dame entrañas de misericordia, para comprender y consolar el llanto de mis hermanos.

10ª Estación.- Jesús es crucificado

“Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, le dieron a beber vino mezclado con hiel; Jesús lo probó, pero no quiso beberlo: Después de crucificarlo se repartieron su ropa echando suertes y luego se sentaron allí para custodiarlo”   (Mt. 27, 33-36)

Oración:

Señor Jesús, tu entrega es total; te despojas hasta de lo poco que cubre tu desnudez. Y te dejas crucificar; también hoy, en toda persona que sufre abandono, maltrato, explotación o hambre; en tanto inocente que veo pasar desde la comodidad de mi sillón. Señor, ayúdame a entregar mis cosas por el bien de los otros, y a luchar contra tanta indiferencia para con los pobres.

8ª Estación.- Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la cruz

“Mientras lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús”  (Lc. 23, 26)
Oración:

Señor Jesús, también tú necesitas que te echen una mano. La cruz es dura y cruel, y debe ser compartida. Hay que arrimar el hombro y aceptar la llamada a la solidaridad. A veces, como el Cireneo, cargando con la cruz del hermano. Señor, que me dé cuenta del dolor de los que sufren, y no escurra el hombro.