Corazón de María

“El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: ¿No es Ella quien, por medio del Ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al género humano (Lc. 1,26-38)?

María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la Cruz cuando, en la Sangre del Hijo, Dios reconcilió “con Él todas las cosas” (Col 1,20); ahora, glorificada en el cielo, tiene -como recuerda una plegaria litúrgica- “un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón de Dios…” (Juan Pablo II. Ángelus. Domingo 3 de septiembre de 1989).

Novena de confianza a la Virgen María

Madre amable de mi vida
Auxilio de los Cristianos,
La gracia que necesito
Pongo en Tus benditas manos.

Dios te salve María……….

Tú que sabes mis pesares
Pues todos te los confío
Da la paz a los turbados
Y alivio al corazón mío.

Dios te salve María………

Y aunque Tu amor no merezco
No recurriré a Tì en vano
Pues eres Madre de Dios
Y auxilio de los Cristianos.

Dios te salve María………

Acuérdate, ¡Oh Madre Santa!
Que jamás se oyó decir
Que alguno te haya implorado
Sin tu auxilio recibir.
Por eso con fe y confianza
Lleno de amor y esperanza
Este favor yo te pido:
Pedir la gracia que se desea y decir 7 veces:
“Santa María Milagrosa, ruega al Señor Jesús por nosotros, y por el mundo entero”.

Vigilia del Papa contra la “indiferencia”.

Elmundo.es

Francisco presidió esta noche en la basílica de San Pedro su primera Vigilia Pascual, en cuya homilía dijo que la resurrección de Cristo es la victoria sobre el mal y lo que oprime en la vida yinvitó a los que son “indiferentes” ante Dios, “que arriesguen, ya que no quedarán decepcionados”.

El Papa afirmó también que no hay situaciones que Dios no pueda cambiar y que no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a él y que por ello no debemos perder la confianza.

En la noche en la que la Iglesia celebra la “madre de todas las vigilias”, el pontífice, de 76 años, dijo que con la resurrección de Cristo nada es igual en la vida de los hombres y en la historia de la humanidad, que la resurrección es la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano.

“Acepta que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de él, da un pequeño paso, te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado”, afirmó el papa.

El Obispo de Roma añadió: “Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en él, ten la seguridad de que él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como él quiere”.

Las sorpresas

Comentando el evangelio de Lucas cuando las mujeres van al sepulcro y está vacío y se quedan perplejas, Francisco dijo que eso pasa también a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los días, “nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos cómo afrontarlo”.

“A menudo, la novedad nos da miedo, también la novedad que Dios nos trae. Somos como los apóstoles del Evangelio: muchas veces preferimos mantener nuestras seguridades. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre”, dijo el papa.

Francisco exhortó a los fieles no cerrarse a la “novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas”.

“¿Estamos acaso con frecuencia cansados, decepcionados, tristes; sentimos el peso de nuestros pecados, pensamos no lo podemos conseguir? No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, nunca nos resignemos: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar, no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a él”, afirmó.

El Pontífice invitó a los fieles a que “hagan memoria” de lo que Dios hace por ello, del camino recorrido, ya que ello abre el corazón de par en par para el futuro.

“Pidamos al Señor que nos haga partícipes de su resurrección<7strong>, nos abra a su novedad que transforma, a las sorpresas, tan bellas, que seamos capaces de sentirlo vivo y actuando en medio de nosotros”, agregó.

Luz purificadora

La Vigilia Pascual o ‘Lucernario’ es uno de los ritos más antiguos de la liturgia y se celebra en esta noche del Sábado Santo que San Agustín llamó “madre de todas las vigilias”, en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios.

Comenzó en el atrio de la basílica, en medio del más hondo de los silencios, con la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo, ‘Luz del Mundo’.

El Papa Francisco realizó con un punzónuna incisión sobre el cirio pascual, grabando una cruz, la primera y la última letra del alfabeto griego -alfa y omega- y la cifra del año 2013.

A la vez pronunció en latín la frase “Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. A Él pertenece el tiempo y los siglos, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Después comenzó la procesión hacia el altar mayor, en medio de una total oscuridad en el templo, iluminado poco a poco con las velas de las miles de personas que lo abarrotaban, que fueron encendidas una a una con la llama procedente del Cirio Pascual.

Una vez llegado al altar mayor se encendieron todas las luces y comenzó el canto del Exultet, o pregón pascual, un recorrido sintético de la historia de la salvación.

Siguiendo una tradición de la Iglesia primitiva, en la que los catecúmenos (adultos que aspiran al bautismo) eran bautizados en la noche de la Vigilia Pascual, el Obispo de Roma, revestido con ornamentos blancos, bautizó a cuatro catecúmenos, un italiano, un albanés, un ruso y un estadounidense originario de Vietnam.

A los cuatro besó tras la confirmación.

Francisco oficiará mañana en la plaza de San Pedro la misa del Domingo de Resurrección y después leerá el Mensaje Pascual e impartirá la bendición “Urbi et Orbi”.

El recinto ya ha sido adornado con 40.000 flores multicolores procedentes de Holanda

15ª Estación.- Jesús resucita de entre los muertos

         “El primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron quitada la losa, entraron y no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar de aquello, cuando se les presentaron dos hombres con vestidos resplandecientes; despavoridas, miraban la suelo, y ellos les dijeron. -¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: ‘Este Hombre tiene que ser entregado en manos de gente pecadora y ser crucificado, pero al tercer día resucitará’. Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los demás”   (Lc. 24, 1-8)

Oración:

Señor Jesús, la esperanza no defrauda, la vida se abre camino. Tu confianza en el Padre se ve recompensada. La resurrección ilumina y da sentido a la pasión y a la cruz. Señor, tengo fe, pero aumenta y fortalece mi poca fe.

El primer Angelus del Papa Francisco

 

ANGELUS [1]

V. El Ángel del Señor anunció a María,
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Avemaría.

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mi según tu palabra.
Avemaría.

V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Avemaría.

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén

UNA BONITA ORACIÓN DE MONSEÑOR BERGOGLIO (PAPA FRANCISCO).

1.El pulgar es el más cercano a ti. Asi que empieza orando por quienes estan más cerca de ti. Son las personas más fáciles de recordar. Orar por nuestros seres queridos es “una dulce obligación”

2.El siguiente dedo es el indice. Ora por quienes enseñan, instruyen y sanan. Esto incluye a los maestros, profesores, médicos y sacerdotes. Ellos necesitan apoyo y sabiduria para indicar la dirección correcta a los demás. Tenlos siempre presentes en tus oraciones.

3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes. Ora por el presidente, los congresistas, los empresarios, y los gerentes. Estas personas dirigen los destinos de nuestra patria y guian a la opinión pública.. Necesitan la guia de Dios.

4.El cuarto dedo es nuestro dedo anular. Aunque a muchos les sorprenda, es nuestro dedo más debil, como te lo puede decir cualquier profesor de piano. Debe recordarnos orar por los más debiles, con muchos problemas o postrados por las enfermedades. Necesitan tus oraciones de día y de noche. Nunca será demasiado lo que ores por ellos. También debe invitarnos a orar por los matrimonios.

5.Y por último está nuestro dedo meñique, el más pequeño de todos los dedos, que es como debemos vernos ante Dios y los demás. Como dice la Biblia “los últimos serán los primeros”. Tu meñique debe recordarte orar por ti. Cuando ya hayas orado por los otros cuatro grupos verás tus propias necesidades en la perspectiva correcta, y podrás orar mejor por las tuyas.

 

Elmundo.es Irene Hdez. Velasco (Corresponsal) | Roma

Decidir llamarse Francisco en sí mismo tan revelador como escribir una larga y sesuda encíclica. Pero esta mañana, en su primer encuentro con los periodistas, el Papa ha explicado por qué adoptó el nombre de San Francisco de Asís, el santo de la pobreza y de la paz. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, ha asegurado.
Y no sólo eso. A los miles de periodistas congregados en el aula Pablo VI del Vaticano Francisco les ha dado la bendición más exquisita, tolerante y bondadosa que se recuerde que haya ofrecido nunca un Papa: “Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia católica, otros no son creyentes. De corazón les doy la bendición en silencio, respetándoles, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios”, ha asegurado en español, su lengua materna, metiéndose a todo el auditorio en el bolsillo.
“Este Papa es increíble”, era el comentario unánime de los periodistas a la salida de la audiencia con Francisco. “Va a ser un Pontífice revolucionario”. “En una semana este argentino es capaz de poner el Vaticano patas arriba”. “Es demasiado bueno para ser verdad”. Todo en esa línea.
Francisco sigue rompiendo moldes, y está mañana se ha convertido en el primer Papa que revela algunos detalles del Cónclave.
El Papa leía un discurso en el que analizaba la tarea de comunicar cuando, en un momento dado, ha aparcado el texto y se ha puesto a hablar espontáneamente. “Algunos no sabrán por qué he decidido llamarme Francisco. Os voy a contar una historia…”, ha comenzado.
El Pontífice ha explicado que durante el Cónclave estaba sentado en la capilla Sixtina junto al cardenal brasileño Claudio Humes, ex arzobispo de São Paolo y ex prefecto de la Congregación para el Clero. “Un gran amigo”, en palabras de Francisco. “Cuando la cosa comenzaba a ponerse peligrosa, me reconfortaba”.
Cuando consiguió los 77 votos necesarios para convertirse en Papa, el Papa ha contado que los cardenales rompieron a aplaudir. “Humes me abrazó, me besó y me dijo: ‘No te olvides de los pobres'”. Esas palabras: los pobres. Pensé en san Francisco de Asís. Luego pensé en las guerras, mientras el escrutinio proseguía. Pensé en Francisco, el nombre de la paz. Y así entro ese nombre en mi corazón: Francisco de Asís. El hombre de los pobres, de la paz, que ama y custodia al creador. Y en este momento con el creador no tenemos una relación tan buena!, indicó con una sonrisa cómplice. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”.
El Pontífice también bromeó con algunos de los nombres que algunos cardenales le sugirieron. “Alguien me dijo que debía de llamarme Adriano por Adriano IV, el gran reformador. Otros me sugirieron Clemente XV en venganza contra Clemente XIV, que suprimió la compañía de Jesús”, aseguro con sorna el primer Papa jesuita de la historia.
Francisco, como en todos sus discursos desde que el miércoles por la noche se convirtiera en Papa, insistió en que lo fundamental en este momento es volver a colocar “a Cristo en el centro”. “Sin él ni Pedro ni la Iglesia existirían y no tendrían razón de ser”. Y admitió que la Iglesia tiene “sus virtudes y sus pecados”.
Durante la jornada de este sábado, el Vaticano ha informado de que el Papa ha confirmado “hasta que se disponga lo contrario”, a los altos cargos de la curia vaticana, que cesaron automáticamente con la renuncia de Benedicto XVI, como establece la normativa de la Santa Sede, según informa Efe.
Francisco desea “reservarse un cierto tiempo para la reflexión, la plegaria y el diálogo, antes de cualquier nombramiento o confirmación definitiva”.

Primera Homilía del Papa Francisco

El Papa Francisco continúa rompiedo moldes. Esta tarde ha pronunciado su primera homilía en una misa en la Capilla Sixtina, ante los 114 cardenales que ayer lo eligieron Pontífice. El suyo ha sido un sermón espontáneo, no leído, y en italiano. Todo un cambio con respecto a la primera misa de Benedicto XVI, que fue en latín y sin salirse del guión.
Pero lo más sorprendente de la primera homilía de Francisco (el Vaticano insiste en que se le llame así, a secas) ha sido su mensaje: una exhortación volver a la esencia del cristianismo, a llevar una vida “irreprochable” y a dar la espalda a la mundanidad y a la frivolidad.
“Yo querría que todos nosotros, después de estos días de gracia, tuviéramos el valor, realmente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor, de edificar su Iglesia con la sangre del Señor derramada sobre la cruz y de confesar la única gloria, Cristo crucificado. Así la Iglesia irá adelante”, aseguraba el nuevo Papa, que utilizó un lenguaje muy accesible para su primera homilía.
El primer sermón del Papa Francisco se asentó sobre tres pilares: caminar, edificar, confesar. “Podemos caminar como queramos, pero si no confesamos a Jesucristo la cosa no funciona. Nos convertiremos en una ONG piadosa, pero no seremos Iglesia”, sentenció. “Cuando caminamos, edificamos y confesamos sin la cruz no somos discípulos del Señor”.
El nuevo Papa reconoció que no es fácil construir, ni caminar, ni confesar y que a veces en el camino se producen sacudidas “que nos hacen retroceder”. Y delante de los 114 cardenales que ayer le eligieron Papa subrayó: “Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos con Cristo pero sin la cruz no somos discípulos del Señor, somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, Papas, pero no discípulos del Señor”.
El Pontífice indicó que hay que caminar siempre, en presencia del Señor, a la luz del Señor. Y exhortó a los cardenales a vivir de “manera irreprochable”, como Dios le pidió a Abraham que lo hiciera. Porque, tal y como indicó Francisco, quién no reza a Cristo reza al diablo. “Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del demonio”, aseguró.

Oración Espíritu Santo de Juan Pablo II

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstranos el sentido profundo del gran Jubileo y prepara nuestro espíritu para celebrarlo con la fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que no espera recompensa.

Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la Humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret el Señor de la gloria, el Salvador del mundo, la culminación de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu creador, misterioso artífice del Reino, guía la Iglesia con la fuerza de tus santos dones para cruzar con valentía el umbral del nuevo milenio y llevar a las generaciones venideras la luz de la Palabra que salva.

Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Suscita en los cristianos el deseo de la plena unidad, para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de comunión, alma y sostén de la Iglesia, haz que la riqueza de los carismas y ministerios contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo, y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados colaboren juntos en la edificación del único Reino de Dios.

Espíritu de consuelo, fuente inagotable de gozo y de paz, suscita solidaridad para con los necesitados, da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza en los que sufren, acrecienta en todos el compromiso por un mundo mejor.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón, orienta el camino de la ciencia y la técnica al servicio de la vida, de la justicia y de la paz. Haz fecundo el diálogo con los miembros de otras religiones. y que las diversas culturas se abran a los valores del Evangelio.

Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos dóciles a las muestras de tu amor y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos que Tú pones en el curso de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

A Ti, Espíritu de amor, junto con el Padre omnipotente y el Hijo unigénito, alabanza, honor y gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
 

Breve oración para rezar a las Tres de la Tarde (Divina Misericordia)

Expiraste, Jesús, pero Tu muerte hizo brotar un manantial de vida para las almas y el océano de Tu misericordia inundó todo el mundo. Oh, Fuente de Vida, insondable misericordia divina, anega el mundo entero derramando sobre nosotros hasta Tu última gota. (IV, 59).

Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, manantial de misericordia para nosotros, en Ti confío. (1, 35).

14ª Estación.- Jesús es colocado en el sepulcro

 

         “Al caer la tarde llegó un hombre rico de Arimatea, de nombre José, que era también discípulo de Jesús. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo y Pilato mandó que se lo entregaran. José se llevó el cuerpo de Jesús y lo envolvió en una sábana limpia; después lo puso en el sepulcro nueva excavado para él mismo en la roca, rodó una losa grande a la entrada del sepulcro y se marchó”   (Mt. 27, 57-60)

Oración:

Señor Jesús, el grano de trigo triturado para alimentar a los hombres es enterrado… parece que todo llega a su fin… pero, ‘si el grano cae en tierra y muere dará mucho fruto’: porque el que se humilla será enaltecido, y el que pierde su vida por Ti en este mundo resucitará para la vida eterna. Señor, aviva mi fe y mi esperanza para que mi vida comience en Ti como en su fuente y tienda a Ti como a su fin.

13ª Estación.- Jesús muere en la cruz

“Era ya eso de mediodía cuando se oscureció el sol, y toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. La cortina del templo se rasgó por medio. Jesús gritó muy fuerte: -Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiró”(Lc.23, 44-46)

Oración:

Señor Jesús, no has venido a ser servido, sino  a servir y dar la vida por la salvación del mundo. Tu misión es hacer la voluntad del Padre; a El entregas tu persona. Tu muerte en cruz es signo de tu confianza absoluta en el amor de Dios Padre. Señor, ayúdame a olvidar ‘mis proyectos’ y a entregar mi vida a cumplir la voluntad del Padre. ¡Heme aquí, Señor, para hacer tu voluntad!

12ª Estación.- Jesús en la Cruz, su Madre y el discípulo

“Al ver a su madre y a su lado al discípulo preferido, dijo Jesús: -Mujer, ése es tu hijo. Y luego al discípulo: -Esa es tu madre. Desde entonces el discípulo la tuvo en su casa”   (Jn. 19, 26-27)

Oración:

Señor Jesús, ahora sé que tu entrega y generosidad es definitiva: tu amor materno es derramado en mi corazón. Tu madre es mi madre. Gracias Jesús, espero recibir su amor y compaña en mi corazón. Y tú, María, ante la cruz de tu Hijo, sufres los dolores del parto: das a luz a una nueva humanidad. Señor, concédeme fortaleza para mantenerme fiel ante la cruz, y fidelidad para construir tu iglesia, junto a María.

11ª Estación.- Jesús promete su reino al buen ladrón

“Uno de los malhechores crucificados lo escarnecía diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros.  Pero el otro lo increpó: -¿Ni siquiera tú, sufriendo la misma pena, tienes temor de Dios? Y la nuestra es justa, nos dan nuestro merecido; en cambio, éste no ha hecho nada malo. Y añadió: -Jesús, acuérdate de mí cuando vuelvas como rey. Jesús le respondió: -Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso”     (Lc. 23, 39-49)

Oración:

Señor Jesús, el que sufre contigo te reconoce como Mesías. Tú miras la profundidad del corazón humano y no juzgas por las apariencias. Muestras la misericordia entrañable de Dios Padre: ‘tus pecados están perdonados’, ‘ tu fe te ha salvado’. Señor, que sepa reconocerte en los hermanos crucificados, y, desde mi propia cruz, mire con ojos nuevos a quienes el mundo condena.

9ª Estación.- Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén



 “Lo seguía un gran gentío del pueblo y muchas mujeres que se golpeaban el pecho y gritaban lamentándose por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: -Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad mejor por vosotras y vuestros hijos”   (Lc. 23, 27-28)

Oración:

Señor Jesús, aún tienes fuerzas para atender y consolar a los que lloran. Pero, no quieres falsas compasiones, ni lágrimas fingidas. Me invitar a llorar por dentro mi propio egoísmo, mi propia culpa; a llorar por el olvido de los que, a mi lado, caminan con la cruz, sufriendo las injusticias. Señor, dame entrañas de misericordia, para comprender y consolar el llanto de mis hermanos.

10ª Estación.- Jesús es crucificado

“Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, le dieron a beber vino mezclado con hiel; Jesús lo probó, pero no quiso beberlo: Después de crucificarlo se repartieron su ropa echando suertes y luego se sentaron allí para custodiarlo”   (Mt. 27, 33-36)

Oración:

Señor Jesús, tu entrega es total; te despojas hasta de lo poco que cubre tu desnudez. Y te dejas crucificar; también hoy, en toda persona que sufre abandono, maltrato, explotación o hambre; en tanto inocente que veo pasar desde la comodidad de mi sillón. Señor, ayúdame a entregar mis cosas por el bien de los otros, y a luchar contra tanta indiferencia para con los pobres.

8ª Estación.- Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la cruz

“Mientras lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús”  (Lc. 23, 26)
Oración:

Señor Jesús, también tú necesitas que te echen una mano. La cruz es dura y cruel, y debe ser compartida. Hay que arrimar el hombro y aceptar la llamada a la solidaridad. A veces, como el Cireneo, cargando con la cruz del hermano. Señor, que me dé cuenta del dolor de los que sufren, y no escurra el hombro.

 

7ª Estación.- Jesús carga con la cruz

 “Entonces, al fin, se lo entregó para que lo crucificaran. Y con eso se hicieron cargo de Jesús. El, llevando su cruz, salió para un lugar que llamaban la Calavera (en arameo Gólgota)”   Jn. 19, 16-18)

Oración:

Señor Jesús, ¡Qué difícil asumir la propia cruz! Cargar con mis limitaciones y enfermedades, mis pecados e incomprensiones. Y sin embrago, no puedo renunciar a ella, pues el que quiera ser discípulo ha de renunciar a sí mismo, cargar con su cruz y seguirte. Señor, quiero llevar mi cruz, asumir las consecuencias de tu seguimiento.

5ª Estación.- Jesús es juzgado por Pilato

 “Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, pidió agua y se lavó las manos cara a la gente, diciendo: -Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!  El pueblo entero contestó: -¡Nosotros y nuestros hijos respondemos de su sangre!  Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran”   (Mt. 27, 24-26)

Oración:

Señor Jesús, ¡Qué fácil lavarse las manos ante las injusticias!  Pensamos y decimos: no conviene enfrentarnos; hay que ser diplomáticos. Mientras, los inocentes sufren y son maltratados. Señor, que sea sensible a la injusticia, y capaz de gritar a favor de mis hermanos que siguen sufriendo por mi comodidad.

6ª Estación.- Jesús es azotado y coronado de espinas

“Entonces Pilato mandó azotar a Jesús. Los soldados trenzaron una corona de espino y se la pusieron en la cabeza, lo vistieron con un manto color púrpura y, acercándose a él, le decían: -¡Salud, rey de los judíos! Y le daban bofetadas”(Jn.19, 1-3)

Oración:

Señor Jesús, así pagan tus buenas obras. El desprecio, la afrenta, las burlas son las formas de agradecer tu entrega al servicio de los hombres. ¡Qué sin sentido!  Y sin embargo, tu realeza se proclama en el sufrimiento.  Señor, ayúdame a descubrir tu rostro en los marginados y maltratados; ellos son los preferidos de tu Reino.

 

Via Crucis – 4ª Estación – Jesús es negado por Pedro

“Mientras Pedro estaba abajo en el patio llegó la criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, se le quedó mirando y le dijo: -También tú andabas con el Nazareno, ese Jesús.  El lo negó diciendo: -¡Ni sé ni entiendo de qué me hablas tú!  Salió fuera, al zaguán, y un gallo cantó. Pero la criada lo vio y volvió a decir a los allí presentes: -Este es uno de ellos.  El lo volvió a negar. Al poco rato, también ellos empezaron a decirle: -Tú eres uno de ellos, seguro, eres galileo.  Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar: -¡No conozco a ese hombre que decís!  Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras de Jesús: ‘Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres’, y se echó a llorar”   (Mc. 14, 66-72)
Oración:

Señor Jesús, tú declaras ante un tribunal, y Pedro te niega ante al criada. Y, en Pedro, mis negaciones de cada día, fruto del miedo a quedar mal, de la falta de coraje a vivir comprometido.  Señor, quiero decir no, a la cobardía, al falso respeto, a todo lo que me impida ser tu testigo.

Via Crucis – 3ª Estación – Jesús condenado por el sanedrín

“Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte, pero no lo encontraban a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. El sumo sacerdote le dijo entonces: -Te conjuro por Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió: -Tú lo has dicho…  El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo: -Ha blasfemado, ¿qué falta hacen más testigos? Acabáis de oír la blasfemia, ¿qué decís?  Contestaron ellos: -Pena de muerte”   (Mt. 26, 59-66)

Oración:

Señor Jesús, ¡cómo nos cuesta decir la verdad!. Pero sólo la verdad rompe las cadenas del pecado y libera. Por eso, aunque sabes que vas a morir, te declaras Hijo de Dios. Verdad anunciada y proclamada sin tapujos, frente a cualquier adversidad. Señor, quiero seguir tu camino y anunciarte con sinceridad.

Via Crucis – 2ª Estación – Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

 “Aún estaba hablando cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente con machetes y palos, mandada por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado por seña: -El que yo bese, ése es; detenedlo. Se acercó en seguida a Jesús y le dijo: -¡Salud, Maestro!  Y lo besó con insistencia”   (Mt. 26, 47-50)

Oración:

Señor Jesús, todos convivimos con el engaño. Soy de los tuyos y te traiciono y te entrego. A ti y a mis hermanos: cada olvido de ellos es un beso de traición para ti. Señor, ayúdame a vivir en fidelidad, y que sea constante en el amor y en el bien.

Via Crucis – 1ª Estación – Jesús ora en Getsemaní



“Llegados a una finca que se llama Getsemaní, dijo a sus discípulos: -Sentaos aquí mientras yo voy a orar. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir horror y angustia, y les dijo: -Me muero de tristeza; quedaos aquí y estad en vela. Adelantándose un poco, cayó en tierra, pidiendo que si era posible se alejase de él aquella ora; decía: -¡Abba! ¡Padre! Todo es posible para ti, aparta de mí este trago, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tu quieres”   (Mc. 14, 32-36)

Oración:

Señor Jesús. ¡cuántas veces te he dicho “aparta de mí este cáliz”!  Dame la fuerza necesaria para aceptar tu voluntad sobre mí, para ser obediente a tus designios. Señor, ¡enséñame tu camino! Y que no se haga mi voluntad, sino la tuya.

El Avemaría y su significado

¿Qué es el Avemaría?

El Avemaría es una oración formada por 6 peticiones.

¿Qué significan cada una de las peticiones?

Las tres primeras peticiones están tomadas de la Sagrada Escritura:

· Dios te salve, María (Lucas 1, 28): El saludo que Dios mismo le hizo por intermedio del arcángel San Gabriel.

· Llena eres de gracia, el Señor es contigo (Lucas 1, 28): Con estas palabras el ángel Gabriel señala a María como la morada de Dios entre los hombres. El Verbo de Dios habitará en ella y por ella será entregado al mundo.

· Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús (Lucas 1, 42): Son las palabras de Santa Isabel, que llena del Espíritu Santo, pronunció ante la Virgen María. Estas palabras nos enseñan que gracias a la fe de María, el mundo recibió a Aquel que es la bendición misma de Dios: Jesús, nuestro Señor.

Las siguientes tres peticiones son agregadas por la Iglesia:

· Santa María, Madre de Dios: Es el título más grande y más hermoso que un ser humano haya recibido. María, en vista de su maternidad divina, fue preservada del pecado original, y al ser la madre de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecha hombre en sus purísimas entrañas, es también Madre de Dios. Nosotros al recibir el Bautismo nos hacemos hijos de Dios por adopción, por lo tanto, también somos verdaderos hijos de María, de quien aprendemos a confiar en la voluntad divina.

· Ruega por nosotros, pecadores: Con esta invocación, pedimos a María, nuestra Madre, que siempre escuche nuestros ruegos y siempre nos proteja, porque Ella estará al lado de cualquiera que desee el socorro de Dios y estará vigilando que la redención y salvación de su Hijo, llegue a todos los hombres y mujeres.

· Ahora: Con este deseo perentorio, queremos que María esté siempre en el hoy de nuestras vidas, que recorra con nosotros el camino de nuestra vida presente.

· Y en la hora de nuestra muerte: Debemos pedir, sobre todo, que María nos acompañe en el momento de nuestra muerte, y nos conduzca a la vida eterna.

Via Crucis (cómo rezarlo)

CÓMO REZARLO

Inicia, como todas las oraciones cristianas, con la Señal de la Cruz; se hace un acto de contrición y una invocación a Jesús ofreciendo el ejercicio.
Se menciona cada estación, de acuerdo a lo relatado en los evangelios. En cada una hay una invocación, reconociéndonos pecadores e implorando el perdón; sigue la lectura de una cita bíblica; después una reflexión para meditar en cada momento y una súplica para nuestra vida diaria. Se hace una aclamación alabando a Jesús por su Sacrificio y se reza un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria, mientras caminamos hacia la estación siguiente. Puede incluirse algún breve canto de perdón y arrepentimiento entre cada estación.

Se inicia de rodillas: “Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Acto de Contrición: Jesucristo, mi Dios y mi Salvador: yo me arrepiento de corazón de todos los pecados que he cometido, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar. Confío en que me perdonarás mis culpas y me llevarás a la vida eterna, porque eres bueno. Amén.
Ofrecimiento: ¡Dulcísimo Jesús mío, que por mi amor quisiste caminar fatigado y afligido con el pesado madero de la cruz! En memoria y reverencia de lo que por mí padeciste en aquél áspero camino, te ofrezco los pasos que ahora daré, unidos a tus infinitos merecimientos, con la atención de ganar todas las indulgencias que los Romanos Pontífices han concedido a los que hacen con devoción este santo ejercicio. Para este fin te suplico y ruego por el remedio de las graves necesidades encomendadas por los Sumos Pontífices y aplico cuantas indulgencias ganaré por las benditas almas del Purgatorio que fueren de tu agrado y de mi mayor obligación. Dame, Señor, tu divina gracia, para que cuanto en este santo ejercicio medite o rece, sea grato a tus divinos ojos. Así sea.
 
 
 VIA CRUCIS

 
PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte  
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Pilato mandó sacar a Jesús y dijo a los judíos: ‘Aquí tenéis a vuestro rey’. Pero ellos le gritaban: ‘¡Fuera, fuera, crucifícalo!’ Pilato le dice: ‘¿Pero cómo he de crucificar a vuestro rey?’ respondieron los príncipes de los sacerdotes: ‘Nosotros no tenemos más rey que el César’. Entonces se los entregó para que fuera crucificado” (Jn 19, 14-16)
Considera alma mía, cómo en la casa de Pilatos fue cruelmente azotado el redentor del mundo, coronado de espinas y sentenciado a muerte. Señor, que el recordar la condena injusta que tu sufriste, nos cuidemos de no condenar a los demás.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
  
SEGUNDA ESTACIÓN:
Jesús con la cruz a cuestas
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario” (Jn 19,17).
Considera alma mía, cómo a nuestro amado Jesús le pusieron en sus lastimados hombros el gran peso de la cruz. Señor, concédenos, para hacernos dignos de ti, el saber aceptar nuestra cruz con amor.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria. .

  
TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Han ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no aparté la cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban” (Is 50,6)
Considera alma mía, como caminando el Señor con la cruz a cuestas, herido y desangrado, cayó en tierra debajo de la Santa Cruz. Señor, el que camina, alguna vez cae. Que sepamos levantarnos y ayudemos a los demás a seguir caminando.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Santa Madre  
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Una espada atravesará tu corazón” (Lc 2,35)
Considera alma mía, cómo el Señor con la Santa Cruz a cuestas encontró a su Santísima Madre triste y afligida. Señor, por el dolor que sufrió la Santísima Virgen María, te pedimos que bendigas a todas las madres que en este mundo sufren de alguna manera o por causa nuestra.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 

QUINTA ESTACIÓN: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla detrás de Jesús” (Lc 23,26)
Considera alma mía, cómo los judíos contrataron a Simón Cirineo para que ayudara a llevar la cruz a nuestro Redentor, no movidos por la piedad, sino temiendo que se les muriese en el camino por el grande peso de la cruz. Señor, que sepamos dar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor a aquellos que lo necesitan.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre” (Is. 52, 14)
Considera alma mía, como la Verónica, viendo a Su Majestad fatigado, y su rostro oscurecido con el sudor, polvo, salivas y bofetadas, se llegó con toda reverencia a limpiárselo con un lienzo, en el cual quedó impreso el rostro divino del Salvador. Señor, ayúdanos a ser también como la Verónica, cristianos valerosos, para consolar a los que lloran y sufren por el camino.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores los que pesaban… Ha sido traspasado por nuestros pecados, desecho por nuestras iniquidades…” (Is 53, 4-5)
Considera alma mía, cómo cayó el Señor por segunda vez en la puerta judiciaria. Señor, que no nos desalentemos frene a los fracasos o debilidades, sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
OCTAVA ESTACIÓN: Jesús consuela a las piadosas mujeres
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él, pero Jesús volviéndose a ellas, les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos'” (Lc 23, 27-28)
Considera alma mía, cómo unas piadosas mujeres, viendo que llevaban a crucificar al Señor lloraron amargamente por verle tan injuriado. Señor, nos pides que lloremos por nosotros mismos por seguir en este mundo, pero ¿quién no se ha de compadecer de ti la mirarte así, Señor?.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria. .
 
 
NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Venid a mí todos los que estén cansados y oprimidos y yo los aliviaré. Carguen mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas” (Mt 11, 28-29)
Considera alma mía, cómo cayó el Señor por tercera vez en tierra, hasta llegar con su santa boca al suelo; y queriéndose levantar, no pudo, antes volvió a caer de nuevo. Señor, que no seamos causa de tropiezo para los demás, sino una mano amigo que alivie y levante.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
 
DÉCIMA ESTACIÓN:
Jesús es despojado de sus vestiduras
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel, pero él, habiéndolo gustado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte” (Mt. 27,33)
Considera alma mía, cómo habiendo llegado el Señor al Monte Calvario, los soldados sin piedad ninguna le despojaron de sus vestiduras. Señor, cuando el dolor nos toque y despoje de nuestro egoísmo y orgullo, que sepamos llenarnos de ti.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria. 
 
 
DÉCIMA PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la Cruz
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los dos malhechores, uno a la derecha y el otro a la izquierda” (Lc 23,34)
Considera alma mía, cómo fue clavado el Señor en el cruz; y oyendo su Santísima Madre el primer golpe de martillo, quedó transida de dolor. Señor, que tengamos el valor y la voluntad de perdonar a todos los que nos ofenden.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
 
DÉCIMA SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús muere en la Cruz
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del Templo se rasgó en medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo: ‘Padre en tus manos encomiendo mi espíritu’. Y al decir esto, expiró” (Lc 23, 44-46)
-Nos arrodillamos y permanecemos en silencio un momento –
Considera alma mía, cómo crucificado ya el Señor, y cruelmente atormentado, exhaló por tu amor el último suspiro. Señor, ayúdanos a comprender que morir no es quedarnos muertos, sino nacer a una nueva vida.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN: Jesús en los brazos de María Santísima
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de Arimatea, cuidad judía, quien esperaba también el reino de Dios, que no había estado de acuerdo en la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajó y lo amortajó en una sábana” (Lc 23, 50-53)
Contempla alma mía, cómo José y Nicodemo bajaron de la cruz el santo Cuerpo y le pusieron en los brazos de la Santísima Virgen. Señor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender tu pasión y tu sufrimiento por nosotros.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
 
DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
“José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca, hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró”. (Mt 27, 59-60)
Contempla alma mía, cómo la Virgen María, Señora nuestra, acompañó a colocar el Cuerpo de su querido Hijo en el Santo Sepulcro. Señor, que no tengamos miedo de morir, porque la muerte es un paso a la vida que eres tú.
¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Así sea!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
Oración final:
Se reza un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria, por las intenciones del Papa, luego se añade:
Señor Jesús, hemos llegado al final de este camino doloroso que tú recorriste. Ahora levantamos nuestra vista y te vemos suspendido en la cruz, con las manos y los pies traspasados por los clavos y con la cabeza coronada de espinas. Sabemos Señor Jesús, que tu sufrimiento es el fruto de tu infinito amor por nosotros. Tú agonizas y mueres por nosotros. Haz que también nosotros te amemos mucho, para que vivamos fielmente a tu pasión y muerte y jamás nos separemos de ti por el pecado.
Te lo pedimos por los dolores de tu madre la Virgen María. Amén.
Despedida:
Recordemos las palabras del ángel: “No teman, sé que buscan al crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho. Vayan aprisa a decir a sus discípulos: ¡ha resucitado!”