Oración por nuestros enemigos

Oracion para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal

Jesús dijo: “Amad también a vuestros enemigos”. Esta máxima es lo sublime de la caridad cristiana; pero Jesús no quiere decir con esto que debamos tener con nuestros enemigos la misma ternura que tenemos con nuestros amigos; nos quiso decir con estas palabras, que olvidemos sus ofensas, que les perdonemos el daño que nos han hecho, devolviéndoles bien por mal. Además el mérito que resulta de ello a los ojos de Dios, es manifestar a los ojos de los hombres la verdadera superioridad.

Oración.

Dios mío, yo perdono a __________ el mal que me ha hecho y el que ha querido hacerme, así como deseo que tu me perdones, y que él mismo me perdone lo que yo haya podido hacer contra él. Si lo has colocado a mi paso como una prueba, que se cumpla tu voluntad.

Desvia de mí, Dios mío, la idea de maldecirle y todo deseo malévolo contra él. Has que yo no experimente ninguna alegría por las desgracias que pueda tener, ni pena por los bienes que puedan concedérsele, con el fin de no manchar mi alma con pensamientos indignos de un cristiano.

Señor, que tu bondad se extienda sobre él y le conduzca mejores sentimientos respecto a mí.

Inspirame el olvido del mal y el recuerdo del bien. Que ni el odio, ni el rencor, ni el deseo de volverle mal por mal, entren en mi corazón, porque el odio y la venganza sólo pertenecen a los espíritus malos, encarnados y desencarnados.

Por el contrario, que esté pronto a tenderle fraternalmente la mano, a volverle bien por mal y a socorrerle si me es posible.

Deseo, para probar la sinceridad de mis palabras, que se me ofrezca la ocasión de serle útil; pero sobre todo, Dios mío, preservame de hacer nada por orgullo u ostentación confundiéndole con una generosidad humillante, lo que me haría perder el fruto de mi acción, porque entonces merecería que se me aplicasen aquellas palabras de Cristo: “Tú recibiste ya la recompensa”.

Amen a sus enemigos y oren por quienes lo persiguen. Mateo 5:44.

Oración de Esperanza

Señor, una vez más estoy delante de tu misterio
estoy constantemente envuelto en tu presencia
que tantas veces se torna en ausencias de tu presencia.
Mirando el inmenso mundo de la tierra de los hombres
tengo la impresión de que muchos ya no esperan en Ti.
Yo mismo hago mis planes, trazo mis metas
y pongo las piedras de un edificio del cual
el único arquitecto parezco ser yo mismo.
Hoy día los hombres somos muchas veces unas criaturas
que nos constituimos en esperanza de nosotros mismos.
Dame señor la convicción más profunda
de que estaré destruyendo mi futuro
siempre que la esperanza en Ti no estuviere presente.
Haz que comprenda profundamente que a pesar
del caos de cosas que me rodea,
a pesar de las noches que atraviezo,
a pesar del cansancio de mis días
mi futuro está en tus manos y que la tierra que me muestras
en el horizonte de mi mañana será más bella y mejor.
Deposito en tu misterio mis pasos y mis días
porque sé que tu hijo y mi hermano venció la desesperanza
y garantizó un futuro nuevo porque pasó de la muerte a la vida.

Autor: Khalil Gibran

Una Oración cambió la Humanidad (Gandhi)

SEÑOR… Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.

Si me das éxito, no me quites la humildad.

Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.

Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Señor…si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

Mahatma Gandhi

Oración por la Caridad

Oh, amado Jesús. Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya.
Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida. Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya.
Brilla a través de mi y permanece tan dentro de mi, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.
¡Permite que no me vean a mi sino solamente a Jesús! Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás. La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mi. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como mas te gusta. Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti.
Amen.

Oración a María Santísima por la salud de los enfermos (Juan Pablo II).

Oh Virgen María, Salud de los enfermos,

que has acompañado a Jesús en el camino del Calvario

y has permanecido junto a la cruz en la que moría tu Hijo,

participando íntimamente de sus dolores,

acoge nuestros sufrimientos y únelos a los de Él,

para que las semillas esparcidas durante el Jubileo

sigan produciendo frutos abundantes en los años venideros.

Madre misericordiosa, con fe nos volvemos hacia Ti.

Alcánzanos de tu Hijo el que podamos volver pronto,

plenamente restablecidos, a nuestras ocupaciones,

para hacernos útiles al prójimo con nuestro trabajo.

Mientras tanto, quédate junto a nosotros en el momento

de la prueba y ayúdanos a repetir cada día contigo nuestro “sí”,

seguros de que Dios sabe sacar de todo mal un bien

más grande.

Virgen Inmaculada, haz que los frutos del Año Jubilar

sean para nosotros y para nuestros seres queridos,

prenda de un renovado empuje en la vida cristiana,

para que en la contemplación del Rostro de Cristo Resucitado

encontremos la abundancia de la misericordia de Dios

y la alegría sin fin del Cielo.

 Amén!